Y después de Navidad… ¿qué?

18 Dic

A partir de estos días, y hasta casi dentro de un mes, esta imagen (o parecida) será habitual en muchas casas y muchos restaurantes. Mesas llenas de comida y rodeadas de gente, que aunque sea matemáticamente imposible que tenga hambre, no dejará de comer hasta que no queden ni las migajas. Las comidas de navidad son como una horda de zombis alrededor de cerebros frescos. Y luego, a partir del 7 de enero, empiezan las quejas y los insultos hacia la báscula (consejo: si vas a soltar improperios cada vez que te pesas, mejor en casa que en una farmacia).

La segunda semana de enero suele ser una semana de arrepentimientos y gente triste por la calle. Las ventas de sirope de savia de arce se disparan, la gente hace cola en las puertas de Natur House antes de pasarse por las rebajas y hacer cola en la puerta de El Corte Ingles, y en las estanterías del supermercado apenas hay frutas, verduras o cualquier cosa hipocalórica. Solo restos de turrones, mantecados, pannetone, y cualquier cosa que incremente el sentimiento de culpabilidad y de “tierra trágame”.

Pero claro, lo más sensato, si lo que pretendes es bajar un poco de peso por lo excesos de la navidad, es comer bien, y echar mano de remedios naturales. Aunque a corto plazo te cueste más trabajo, a la larga tu cuerpo te lo agradecerá, ya que una dieta de choque solo sirve para recuperar peso en la mitad de tiempo que has tardado en perderlo. Hay que ser fiel a los dos diuréticos detoxificantes más eficaces de toda la vida. El té verde y la piña.

Lo primero es cambiar el café por té verde. Es una infusión rica en antioxidantes y diurética, que además ayuda a combatir el colesterol. Y preparándola con unas hojas de hierbabuena es una de las bebidas con mejor acogida del invierno (o frío en verano). Ayuda a desintoxicar el cuerpo y a perder peso, siempre y cuando vaya acompañado de una dieta sana y equilibrada.

Al menos en mi casa, la piña siempre ha sido una fruta navideña, y en nuestra mesa no faltaba un centro de fruta con una piña enmedio (aunque le hiciésemos mucho más caso a los turrones y a la torta imperial).

Si también tienes costumbre de comprar piña en estas fechas, no la uses solo de adorno de centro de mesa. Al acabar la navidad sustituye el postre, la merienda y el picoteo entre horas por rodajas de piña. Las que quieras. Es de las pocas comidas a las que no tienes que ponerle freno. Ojo, no vale usar la excusa de la piña para zamparse una pizza hawaïana tamaño familiar.

La piña es depurativa, ayuda al organismo a eliminar lo que le sobra, y si no falta en ninguna dieta, por algo será. Ayuda a combatir la acidez y la digestión pesada tras una comida copiosa, y es muy buena para la circulación.

Así que ya sabes, hay que disfrutar de la navidad, pero con medida, que luego vienen los lloros. En enero, echa mano de alimentos duiréticos y quemagrasas, pero combinados con alimentación sana y ejercicio más o menos regular. Porque si estos alimentos fuesen milagrosos no existirían las dietas y todos tendríamos medidas de infarto.

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